Si se fuera inmortal no existiría el gozo de la juventud
“Morirse es una fiesta”
“Un hombre y una mujer no pueden ser amigos, por una razón muy simple: tienen que tocarse, olerse, lamerse, sino lo hacen estarían traicionando sus instintos, a la naturaleza misma (...) si no lo hacéis, se te va la vida. No viviremos por siempre, somos frágiles”
Ramiro Gutiérrez
DLA/Mérida
Un regalo excelente para salir de vacaciones llegó a la mesa de redacción de SOS Comunidad Denuncia. Los tres últimos ejemplares de la cada vez más esmerada producción literaria de Norberto José Olivar.
De Olivar ya se ha escrito con anterioridad en estas páginas, pero es bueno hacer un breve comentario para aquellos que no tuvieron oportunidad de conocerlo en otros comentarios. Zuliano de nacimiento, maracaibero de pura cepa, profesor de la Universidad del Zulia e investigador adscrito al Centro de Investigaciones y Estudios Pedagógicos de la Secretaría de Educación del estado Zulia.
Es colaborador de diversos medios en Chile, Los Ángeles, USA, Uruguay y Venezuela. Autor de El Misterioso caso de Agustin Baralt (Flumm, 2000), y El hombre de la Atlántida (Comala, com) Ahora nos presenta Morirse es una fiesta, La ciudad y los herejes y La conserva negra, entre otros títulos publicados.
Morirse es una fiesta
Se quedó en la memoria una frase tomada entre todos esos libros, relatos e historias que se leen en algún momento en el tiempo, palabras más o palabras menos, que nadie puede escribir con mejor conocimiento lo que se es si no el protagonista mismo, de allí quizás nadie puede relatar mejor la vida universitaria sino aquellos que de alguna manera tienen experiencia en los recovecos llenos de hongos que brinda las bibliotecas y espacios universitarios.
En, Morirse es una fiesta, Norberto José Olivar tiene la valentía de colocar en figuras llamadas letras, las vivencias muchas veces repetidas y casi todas las veces negadas, que brinda la desgarro de una piel tersa, llena de sensualidad infinita, que va regando frescura y feromonas lujuriosas que brotan de su cuerpo adolescente con mente de mujer adulta, cuando se enfrenta a la mirada reposada del profesor recatado entregado a la docencia en cátedra, pero que al plantarse ante ese espejismo, hecho realidad, ningún mortal se encuentra en condiciones de negarse a disfrutarlo.
Por eso Olivar se atreve a escribir que: “En todos nosotros, incluso en los más respetados y de mayor reputación, existe una fuente de deseos salvajes, terribles, fuera de toda norma, y que, según parece, nos son revelados mientras soñamos. Entonces es verdad que el monstruo es la proyección del otro que me habita”.
La ciudad y los herejes
Un libro con relatos que hacen estremecer en el alma los recuerdos que, aunque lejanos en el tiempo de los hombres, pareciera que son vivenciales cuando se leen, las historias del ayer cercano.
En lo personal, y es mi contribución a tanta vivencia plasmada en las páginas de ese libro, porque se mantiene clara, demasiada clara se puede afirmar, la experiencia del primer viaje hacia el puerto del Lago de Maracaibo. Aunque los jóvenes actuales no lo crean, aquella aventura comenzó en el puerto de Santa Bábara del Zulia, situado a orillas del puente que hoy comunica esa población con San Carlos. Era de madrugada cuando se abordó la piragua que navegaría por el río hasta desembocar en el Lago y de allí al puerto, lejana experiencia, pero inolvidable.
Los ávidos de aventura pueden leer en, La Ciudad y los herejes, relatos vivos como: “Desde el malecón, diciembre 6, 8 y 20 minutos de la mañana, 1941 (...) Esa mañana el lago se había despertado con el pie izquierdo. Los bagres y los sapitos luchaban entre sí por el botín de las olas, con el mal humor que las carcomía, trituraban sin descanso contra las maderas de muelle, forradas de limo y caracolitos, y minúsculos cangrejos que saltaban felices al bojote de carne que flotaba como una carabela portuguesa naufragada”.
La conserva negra
La crítica considera que el sabotaje petrolero de 2002 fue la activación de la fase final de una conspiración fraguada en los años setenta e indican que es la novela de la gente del petróleo y del paro petrolero. Agregan que es un trozo de nuestra Historia inmediata en la que se exponen las verdaderas e inconfesables causas por las cuales los grandes gerentes de “La Compañía” estuvieron dispuestos a usar la maritocracia como insignia política (...)
Se pueden encontrar diálogos para repensar lo que ahora toma más fuerza con las denuncias del padre Palmar:
- “Pero bueno, Mark, entiende el mollejero que se formó cuando nombraron al profesor Parra Luzardo presidente de La Compañía, bien sabe que eso no lo podíamos permitir, porque con ese señor no se podía negociar nada.
- Yo sé que la meritocracia es importante pero...
- ¡Qué meritocracia del carrizo, Mark! Tu sabes que eso es puro estiércol. Tampoco te pases de pendejo, o es que ni siquiera de te ves al espejo. Tu llegaste, de un solo coñazo a Gerente de Personal y jamás has estado en un taladro siquiera. Te hicimos saltar como quince años de carrera, ¿y por qué? Pués te digo, aunque te arreche, que es por tu padre, Mark, porque eres el hijito de don Roy Noguera, un tipazo, un prócer de la industria petrolera, ¿O es que ya se te olvidó ese detallito?”
Los asiduos lectores de estas páginas tienen ahora en las librerías merideñas tres títulos más con diversos tópicos donde están plasmadas historias que a muchos le son conocidas y que en la pluma de Norberto Olivar cobran vida con una realidad inigualable.
“Morirse es una fiesta”
“Un hombre y una mujer no pueden ser amigos, por una razón muy simple: tienen que tocarse, olerse, lamerse, sino lo hacen estarían traicionando sus instintos, a la naturaleza misma (...) si no lo hacéis, se te va la vida. No viviremos por siempre, somos frágiles”
Ramiro Gutiérrez
DLA/Mérida
Un regalo excelente para salir de vacaciones llegó a la mesa de redacción de SOS Comunidad Denuncia. Los tres últimos ejemplares de la cada vez más esmerada producción literaria de Norberto José Olivar.
De Olivar ya se ha escrito con anterioridad en estas páginas, pero es bueno hacer un breve comentario para aquellos que no tuvieron oportunidad de conocerlo en otros comentarios. Zuliano de nacimiento, maracaibero de pura cepa, profesor de la Universidad del Zulia e investigador adscrito al Centro de Investigaciones y Estudios Pedagógicos de la Secretaría de Educación del estado Zulia.
Es colaborador de diversos medios en Chile, Los Ángeles, USA, Uruguay y Venezuela. Autor de El Misterioso caso de Agustin Baralt (Flumm, 2000), y El hombre de la Atlántida (Comala, com) Ahora nos presenta Morirse es una fiesta, La ciudad y los herejes y La conserva negra, entre otros títulos publicados.
Morirse es una fiesta
Se quedó en la memoria una frase tomada entre todos esos libros, relatos e historias que se leen en algún momento en el tiempo, palabras más o palabras menos, que nadie puede escribir con mejor conocimiento lo que se es si no el protagonista mismo, de allí quizás nadie puede relatar mejor la vida universitaria sino aquellos que de alguna manera tienen experiencia en los recovecos llenos de hongos que brinda las bibliotecas y espacios universitarios.
En, Morirse es una fiesta, Norberto José Olivar tiene la valentía de colocar en figuras llamadas letras, las vivencias muchas veces repetidas y casi todas las veces negadas, que brinda la desgarro de una piel tersa, llena de sensualidad infinita, que va regando frescura y feromonas lujuriosas que brotan de su cuerpo adolescente con mente de mujer adulta, cuando se enfrenta a la mirada reposada del profesor recatado entregado a la docencia en cátedra, pero que al plantarse ante ese espejismo, hecho realidad, ningún mortal se encuentra en condiciones de negarse a disfrutarlo.
Por eso Olivar se atreve a escribir que: “En todos nosotros, incluso en los más respetados y de mayor reputación, existe una fuente de deseos salvajes, terribles, fuera de toda norma, y que, según parece, nos son revelados mientras soñamos. Entonces es verdad que el monstruo es la proyección del otro que me habita”.
La ciudad y los herejes
Un libro con relatos que hacen estremecer en el alma los recuerdos que, aunque lejanos en el tiempo de los hombres, pareciera que son vivenciales cuando se leen, las historias del ayer cercano.
En lo personal, y es mi contribución a tanta vivencia plasmada en las páginas de ese libro, porque se mantiene clara, demasiada clara se puede afirmar, la experiencia del primer viaje hacia el puerto del Lago de Maracaibo. Aunque los jóvenes actuales no lo crean, aquella aventura comenzó en el puerto de Santa Bábara del Zulia, situado a orillas del puente que hoy comunica esa población con San Carlos. Era de madrugada cuando se abordó la piragua que navegaría por el río hasta desembocar en el Lago y de allí al puerto, lejana experiencia, pero inolvidable.
Los ávidos de aventura pueden leer en, La Ciudad y los herejes, relatos vivos como: “Desde el malecón, diciembre 6, 8 y 20 minutos de la mañana, 1941 (...) Esa mañana el lago se había despertado con el pie izquierdo. Los bagres y los sapitos luchaban entre sí por el botín de las olas, con el mal humor que las carcomía, trituraban sin descanso contra las maderas de muelle, forradas de limo y caracolitos, y minúsculos cangrejos que saltaban felices al bojote de carne que flotaba como una carabela portuguesa naufragada”.
La conserva negra
La crítica considera que el sabotaje petrolero de 2002 fue la activación de la fase final de una conspiración fraguada en los años setenta e indican que es la novela de la gente del petróleo y del paro petrolero. Agregan que es un trozo de nuestra Historia inmediata en la que se exponen las verdaderas e inconfesables causas por las cuales los grandes gerentes de “La Compañía” estuvieron dispuestos a usar la maritocracia como insignia política (...)
Se pueden encontrar diálogos para repensar lo que ahora toma más fuerza con las denuncias del padre Palmar:
- “Pero bueno, Mark, entiende el mollejero que se formó cuando nombraron al profesor Parra Luzardo presidente de La Compañía, bien sabe que eso no lo podíamos permitir, porque con ese señor no se podía negociar nada.
- Yo sé que la meritocracia es importante pero...
- ¡Qué meritocracia del carrizo, Mark! Tu sabes que eso es puro estiércol. Tampoco te pases de pendejo, o es que ni siquiera de te ves al espejo. Tu llegaste, de un solo coñazo a Gerente de Personal y jamás has estado en un taladro siquiera. Te hicimos saltar como quince años de carrera, ¿y por qué? Pués te digo, aunque te arreche, que es por tu padre, Mark, porque eres el hijito de don Roy Noguera, un tipazo, un prócer de la industria petrolera, ¿O es que ya se te olvidó ese detallito?”
Los asiduos lectores de estas páginas tienen ahora en las librerías merideñas tres títulos más con diversos tópicos donde están plasmadas historias que a muchos le son conocidas y que en la pluma de Norberto Olivar cobran vida con una realidad inigualable.
PUBLICADO EN DIARIO DE LOS ANDES
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