miércoles, 17 de febrero de 2010

CON EL CHAVISMO DE CABALLEROS A INDIOS PATA EN ELSUELO


DE CABALLEROS A INDIOS PATA EN EL SUELO

Los carnavales le sirven a cada uno para desarrollar su propios intereses aunque estos sean para llevar adelante sentimientos fútiles sin ningún sentido histórico, pero que en lo personal son como alfombras que le son brindadas al asesino de la historia de nuestros pueblos y las mismas servirán de poleas sobre las que se arrastrarán al momento de sentenciar la desaparición de siglos de historia, tal cual pasó con el Pico Bolívar, ahora, (El Collao del Cóncord) el Cerro del Ávila (Guaraira Repano), El Salto Ángel que ya tiene su nombre en la cultura Pemón (Kerepakupai Vena) por lo que se pide, como un gran favor, no procedan con otro capricho presidencial y deje sin nombre por medio de la llamada cultura a otro sitio más y su propio entorno histórico como es el Salto Churum y no cometan la animalada de cambiarle el nombre a quien ya lo tiene en la cultura pemón.

Ante la nueva recolonización de La Ciudad de los Caballeros unos cuantos con suficiente poder o por lo menos con apoyo de uno con poder se les metió la idea de cambiar el nombre al estado Mérida. Algún inteligente representante de la cultura, título este que en lo personal es de lo más bárbaro por lo que encierra esta “connotación” ya propuso que se llamará Cuica, pero no sabía en su escasa cultura que los trujillanos come chimo no se paran en miramientos y ya estaban movilizando “su tribu” para venir a pelar por su gentilicio, por lo que al parecer los “pálidos” de esta serranía tuvieron que aguantar el decreto.

Si las cosas van como se espera actúen en poco tiempo nos llamaran: “los candelarios” por los seguidores de esta venerable imagen. También podría ser: “los San Beniteros” que tienen bastantes prosélitos y por qué no: “los bailadores” para continuar con el aspecto histórico y además porque todos los días hay más parranderos que santos en las iglesias y para que la religión no proteste y se continúe con el sincretismo que le agreguen el nombre de algunos de sus santos o mártires por lo que al final nos llamarían: Los Bailadores de San Trago largo

La tozudez y los deseos de frenéticos de recibir la palmadita del opresor, con aire de inteligente, los ha llevado hasta cambiarle el nombre al mismo país por lo que ahora son millones de venezolanos los huérfanos de patria y ante lo cual la pasividad que ya raya en la cobardía en el clamor popular, todo los movimientos sociales se quedan en una pasividad nefrótica y silenciosa, además de cómplices ante las luchas populares.

Ese afán de Hugo Chávez por encender el fuego patriótico en los venezolanos no lo logrará porque ya todo el mundo está claro que no es la defensa de la patria lo que está en juego, de hecho de un solo plumazo dejó a más de la mitad de venezolanos sin patria cambiándole el nombre, le “torció” el pescuezo al pobre caballo blanco, héroe de mil batallas, desarregló el escudo en su delirio y la bandera no es la misma a la que nos enseñaron a respetar. Por lo tanto si los venezolanos tenemos que salir a pelear no será por una patria totalmente desconocida con unas autoridades no ajustadas a los principios constitucionales. Si alguien tiene que pelear serán los insolentes que mancillando las luchas emancipadoras viviendo de lo lindo bajo la mirada complaciente del traidor han entregado el honor del suelo patrio.

Ahora, los segundones que aplauden, ríen o lloran de acuerdo este el ánimo del amo pretenden con un acuerdo acomodaticio y por razones rebuscadas que los “caballeros de Santiago de Mérida” también pierdan 500 años de historia pasando a ser indios, aborígenes o cualquier otro nombre que se les ocurra, que ya hay bastantes “pensadores” quebrándose la mente haciendo el discurso con el que justificaran la miserable idea y por supuesto el nombre que le adjudicaran a quien gobierne porque es lógico pensar que no dejaran a una cuerda de indios desocupados porque pueden comenzar a pensar, cuestión a la que le tienen mucho miedo los gobernantes, por lo tanto hay la necesidad de nombrar un “piache”, “cacique”, o “jefe de tribu” al que puedan a su vez gobernar desde el consejo superior y su gran jefe Toro Sentado.

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