Talento vivo en Rivas Dávila
El niño perdido y hallado en la orquesta
Sólo el valor de ser perseverante, porque hay que tener valor para insistir, lleva a la humanidad a lograr los éxitos que encumbra los proyectos. Basta retrotraer el pensamiento para ver, como si fuera en el presente, al maestro Abreu caminando por los pasillos del Centro Simón Bolívar exponiendo y pidiendo ayuda para su gran ideal hoy convertido en una venta al mundo.
La Playa de Bailadores fue el escenario musical de la región el fin de semana que recién termina. El evento tuvo como trasfondo en primer lugar la reinauguración de la Casa de la Cultura José Juan Vargas (Varguitas) situada en su nueva sede frente a la Plaza Bolívar y en segundo lugar el bautizo de dos obras literarias tituladas: “La Playa un lugar entre Tovar y Bailadores” e “Infinito” de los escritores José Herrera, geógrafo y Ramiro Gutiérrez, periodista, acto que contó con la tutela de la dirección de cultura de la Alcaldía del Municipios Rivas Dávila dirigida hábilmente por Néstor Abad y el apoyo del ciudadano alcalde del municipio.
En ese valle rico en producción agrícola y especial por la calidad de su gente se compartió sabores y saberes que sirvió además de reencuentro con los coterráneos y alimentar de recuerdos la mente de añejas experiencias que se quieren escapar con el devenir del tiempo como yunke implacable que tritura el cuerpo que marchita.
Pura idoneidad regional
El local se llenó de atractivos multicolores para recibir los invitados, como las autoridades y las diferentes bandas que engalanaron el atardecer, herencia de la perseverancia del maestro José Antonio Abreu. Entre los inquietos músicos llamó poderosamente la atención la presencia de un niño que para utilizar algún símil, competía su estatura con la altura de la trompeta, desapareciendo casi por completo entre los otros músicos de gran tamaño.
Gardenia Pérez directiva de la Orquesta Infantil Bailadores orientó sobre este llamativo caso. Explicó que el personaje era Eduardo Ceballos de nueve años primera trompeta de la Orquesta, pero además entró en detalles sobre la capacidad musical del infante.
Hace un año, como anécdota, cuando tenía ocho años, Eduardo acompañó a todos los músicos de las diferentes bandas a San Javier del Valle en Mérida porque es costumbre que todos los músicos se reúnan para recibir talleres y orientación musical. Después de varias horas de entrenamiento dieron receso y al momento de regresar, Eduardo no aparecía por lo que comenzaron la búsqueda hasta llegar a pensar lo peor por la laguna existente en el lugar.
“En todo ese recorrido fui al salón de la orquesta de los juveniles, casi adultos, pero entré y no lo divise. Cuando estaba de regreso escuché grandes aplausos por lo que volví al salón. Mi mayor sorpresa es que la orquesta en pleno estaba de pie aplaudiendo a Eduardo que por equivocación se había metido en el ensayo de los “grandes” como calificamos a los alumnos mayores, pero además me contaron que cuando empezaron el ensayo todos lo miraban como diciendo “y este que hace aquí”, asimismo el director se encontró sorprendido pero no le dijo nada llevándose también la grata sorpresa”.
Melodías para todo gusto
El suave aire del atardecer se encargó de transportar las partituras llenas de exquisitas melodías. Aparte de la Orquesta Infantil hizo presencia la Orquesta Sinfónica Juvenil quien deleitó con: Gipsy, Happy Blue, Suite de Bartok y Toreadores. También hizo que muchos presentes se motivaran a tararear llevados por el recuerdo y el ritmo de la Banda Argimiro Rosales epónimo de su fundador oriundo de este hermoso valle. Con ellos el recuerdo voló por el inconmensurable universo cuando dejaron escuchar: Nuevo Circo, Pluma y Lira, Japonesita, Mi corazón, El minutero y cerraron con Alma Llanera.
No todo quedó allí, además hubo danzas, música venezolana, niños en concierto de cuatro y un exquisito ágape al final de la dura jornada. Al mismo tiempo en los salones se exhibían muestras de tejidos y diferentes técnicas de orfebrería y otros productos. Considerando que se estaba en el centro del aroma, en alguno que otro momento, se dejó colar el sutil olor del siempre exquisito “hinojao”.
El bautizo
El ciudadano alcalde Milton Ramírez Mora cerró el acto haciendo un recuento de las obras que su gobierno esta construyendo en la parroquia La Playa y finalmente hizo pasar al podio a los autores de las obras enunciadas quien acompañados del párroco realizaron el acto protocolar de bañar con suaves pétalos de flores cosechadas en los ricos suelos de la aldea.
DESPIECE
ALABANDO SU QUESO
Por sugerencia de Néstor Abad, director de cultura, los autores José Herrera y Ramiro Gutiérrez disertaron por largo rato sobre el producto de su narrativa. Cada uno describió en sus propias palabras el contenido de sus libros que van desde el aspecto cuentístico, poético y técnico-científico que enriquece sobre manera la producción literaria del vasto recurso literario de los hijos de La Playa, orgullo de Venezuela y el mundo.
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