Desde la perspectiva de Ortega y Gasset
Ideas y creencias en la política económica
*** “El trabajo tiene el propósito de examinar la política económica impulsada en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-1993) en torno a la distinción entre ideas y creencias (...) que permitirá analizar en que medida las creencias y las ideas son importantes para justificar políticas económicas, en particular al del periodo 1989-1993 de Venezuela”.
Rossana Hernández del departamento de Economía de la Universidad de Los Andes, emite en su trabajo sus investigaciones “para establecer un marco general para el análisis de la política económica de un periodo altamente controversial dentro del proceso histórico-político de Venezuela: el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez”.
Hernández en un amplio estudio filosófico explica algunos puntos como El problema de las creencias y las ideas, seguidamente de otro punto en el mismo sentido como La distinción entre ideas y creencias donde explica que:
“Las creencias son ideas, pero ideas que forman parte de nuestra existencia sin preguntarnos si son verdaderas o no; contamos con ellas sin pensar en ellas. Por el contrario, las ideas se nos ocurren, son resultado de la actividad intelectual. Este punto de coincidencia delimita las ideas y las creencias. Las ideas por su carácter crítico, permiten adherirse a ellas, defenderlas a través de la reflexión, del análisis, del estudio y la madurez intelectual”.
La política económica como creencia
La investigadora indica que es preciso precisar la política económica como creencia, preguntarnos qué significa como creencia y cuáles son los elementos fundamentales que definen una política económica como creencia.
“Por lo tanto, la política económica de un país abarca el conjunto de medidas de carácter económico que el gobierno decide para dirigir la economía en cierto periodo. En consecuencia, se fija un conjunto de variables macroecnómicas que establecen la política monetaria, la política fiscal, la política de precios, de empleo y la política comercial”.
En ese orden de ideas, Hernández indica que es necesario admitir que la política económica tiene como principal elemento constitutivo, la teoría económica (...) por otro lado de acuerdo al planteamiento Mario de Bungue en su Economía y Filosofía, la economía tiene tanto una justificación teórica como una justificación moral.
En otras palabras, explica Hernández, la política económica no es sólo una decisión que se toma con criterios técnicos; su naturaleza se fundamenta en juicios de valores y preferencias de los actores sociales involucrados en el proceso. Sus consecuencias se resuelven como se resuelve los problemas políticos: según la correlación de fuerzas o el poder que sea capaz de mantener cada actor social según sus intereses particulares.
“En cuanto a la correlación de fuerzas Carlos Andrés Pérez contó con el apoyo mayoritario del Congreso Nacional, pues la mayoría parlamentaria la tenía el partido Acción Democrática. Estas condiciones favorecieron de alguna manera la aprobación, justificación y aplicación del VIII Plan de la Nación”.
A partir de 1989, dice Hernández, con el cambio del panorama económico, como resultado de la deuda externa y otras circunstancias, se demostró el fracaso de las políticas económicas populistas que habían sido aplicadas en el transcurso de los anteriores periodos gubernamentales.
“Dentro de este contexto, varios aspectos en el desempeño de la economía venezolana justificaron las propuestas y opciones de política económica: los desequilibrios externos, la existencia de un sector industrial protegido de forma inadecuada, la participación del Estado en la economía. La solución a este tipo de problemas coyunturales comenzó con el ‘paquete económico’”.
El Gran Viraje
Rossana Hernández explica que en la segunda administración de Carlos Andrés Pérez adoptó un programa económico denominado El Gran Viraje. Las condiciones en que encontró el país al asumir el mandato justificaron un plan de ajuste, cuya orientación y efectos pueden cuestionarse, más no la necesidad de su instrumentación. El gobierno optó por una profunda transformación de la economía nacional para transformarla de estatista y paternalista, en una de mercado, que facilitara su incorporación en la economía mundial.
La experiencia venezolana, adicionó, sirve para ilustrar el papel de las creencias, de las convicciones y de la teoría en el diseño y aplicación de una política económica como la que se aplicó en Venezuela en el período 1989-1993. Sobre todo, cuando el gobierno intentó hacer un viraje en el desempeño económico tal y como sucedió en Venezuela en ese periodo.
“No se puede justificar políticas económicas por sólo creer o tener la convicción de que su éxito esté garantizado. No obstante se debe tener presente que en países como los nuestros, que no han resuelto sus problemas sociales, se debería estudiar más profusamente el impacto social de tales medidas. No se puede equilibrar la economía macroeconómicamente en detrimento de la sociedad”.
Estas ideas, dijo finalmente, impulsaron la conformación de su creencia y su convicción en el mercado. La justificación a ultranza de esta creencia le dio plena libertad a la tecnocracia económica (...) sin embargo, la brutal reacción de la realidad fue la responsable de que esa creencia entrara en crisis junto con el país entero. A pesar de que la realidad le demostró con suficiente anticipación lo erróneo de la creencia, como buen acreencia, se empecinó en aferrarse a ella. Y esta conducta no la explica la economía.
Con la misma piedra
Pareciera que la vida le ofrece la oportunidad a los venezolanos de tropezar por más de una vez con la misma piedra y es que al leer a los especialistas se confirma que caminamos una y otra vez sobre el mismo abismo, pero que sordos y ciegos se espera siempre por un nuevo mesías que camine hacia el fracaso cabalgando sobre el populismo.
Lo menos que hacen los dirigentes cuando llegan al poder es tomar en cuenta a los doctos del proceder, por el contrario se ciegan y sólo escuchan a los miembros de sus círculos más cercanos, máxime si es estudiado, como se ha comprobado con tanto intelectual que ha llegado al poder en esta revolución.
El populismo de Carlos Andrés Pérez y sus deseos de ser el presidente de Latinoamérica quedó para los chistes de mal gusto, ante el avasallante poder que ejerce a punta de petrodólares y las ansias de mando que manifiesta el actual mandatario Hugo Chávez, sin embargo, sin ver y mucho menos reconocer el fracaso del anterior, muchos compatriotas aplauden a rabiar al actual jerarca.
Ideas y creencias en la política económica
*** “El trabajo tiene el propósito de examinar la política económica impulsada en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-1993) en torno a la distinción entre ideas y creencias (...) que permitirá analizar en que medida las creencias y las ideas son importantes para justificar políticas económicas, en particular al del periodo 1989-1993 de Venezuela”.
Rossana Hernández del departamento de Economía de la Universidad de Los Andes, emite en su trabajo sus investigaciones “para establecer un marco general para el análisis de la política económica de un periodo altamente controversial dentro del proceso histórico-político de Venezuela: el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez”.
Hernández en un amplio estudio filosófico explica algunos puntos como El problema de las creencias y las ideas, seguidamente de otro punto en el mismo sentido como La distinción entre ideas y creencias donde explica que:
“Las creencias son ideas, pero ideas que forman parte de nuestra existencia sin preguntarnos si son verdaderas o no; contamos con ellas sin pensar en ellas. Por el contrario, las ideas se nos ocurren, son resultado de la actividad intelectual. Este punto de coincidencia delimita las ideas y las creencias. Las ideas por su carácter crítico, permiten adherirse a ellas, defenderlas a través de la reflexión, del análisis, del estudio y la madurez intelectual”.
La política económica como creencia
La investigadora indica que es preciso precisar la política económica como creencia, preguntarnos qué significa como creencia y cuáles son los elementos fundamentales que definen una política económica como creencia.
“Por lo tanto, la política económica de un país abarca el conjunto de medidas de carácter económico que el gobierno decide para dirigir la economía en cierto periodo. En consecuencia, se fija un conjunto de variables macroecnómicas que establecen la política monetaria, la política fiscal, la política de precios, de empleo y la política comercial”.
En ese orden de ideas, Hernández indica que es necesario admitir que la política económica tiene como principal elemento constitutivo, la teoría económica (...) por otro lado de acuerdo al planteamiento Mario de Bungue en su Economía y Filosofía, la economía tiene tanto una justificación teórica como una justificación moral.
En otras palabras, explica Hernández, la política económica no es sólo una decisión que se toma con criterios técnicos; su naturaleza se fundamenta en juicios de valores y preferencias de los actores sociales involucrados en el proceso. Sus consecuencias se resuelven como se resuelve los problemas políticos: según la correlación de fuerzas o el poder que sea capaz de mantener cada actor social según sus intereses particulares.
“En cuanto a la correlación de fuerzas Carlos Andrés Pérez contó con el apoyo mayoritario del Congreso Nacional, pues la mayoría parlamentaria la tenía el partido Acción Democrática. Estas condiciones favorecieron de alguna manera la aprobación, justificación y aplicación del VIII Plan de la Nación”.
A partir de 1989, dice Hernández, con el cambio del panorama económico, como resultado de la deuda externa y otras circunstancias, se demostró el fracaso de las políticas económicas populistas que habían sido aplicadas en el transcurso de los anteriores periodos gubernamentales.
“Dentro de este contexto, varios aspectos en el desempeño de la economía venezolana justificaron las propuestas y opciones de política económica: los desequilibrios externos, la existencia de un sector industrial protegido de forma inadecuada, la participación del Estado en la economía. La solución a este tipo de problemas coyunturales comenzó con el ‘paquete económico’”.
El Gran Viraje
Rossana Hernández explica que en la segunda administración de Carlos Andrés Pérez adoptó un programa económico denominado El Gran Viraje. Las condiciones en que encontró el país al asumir el mandato justificaron un plan de ajuste, cuya orientación y efectos pueden cuestionarse, más no la necesidad de su instrumentación. El gobierno optó por una profunda transformación de la economía nacional para transformarla de estatista y paternalista, en una de mercado, que facilitara su incorporación en la economía mundial.
La experiencia venezolana, adicionó, sirve para ilustrar el papel de las creencias, de las convicciones y de la teoría en el diseño y aplicación de una política económica como la que se aplicó en Venezuela en el período 1989-1993. Sobre todo, cuando el gobierno intentó hacer un viraje en el desempeño económico tal y como sucedió en Venezuela en ese periodo.
“No se puede justificar políticas económicas por sólo creer o tener la convicción de que su éxito esté garantizado. No obstante se debe tener presente que en países como los nuestros, que no han resuelto sus problemas sociales, se debería estudiar más profusamente el impacto social de tales medidas. No se puede equilibrar la economía macroeconómicamente en detrimento de la sociedad”.
Estas ideas, dijo finalmente, impulsaron la conformación de su creencia y su convicción en el mercado. La justificación a ultranza de esta creencia le dio plena libertad a la tecnocracia económica (...) sin embargo, la brutal reacción de la realidad fue la responsable de que esa creencia entrara en crisis junto con el país entero. A pesar de que la realidad le demostró con suficiente anticipación lo erróneo de la creencia, como buen acreencia, se empecinó en aferrarse a ella. Y esta conducta no la explica la economía.
Con la misma piedra
Pareciera que la vida le ofrece la oportunidad a los venezolanos de tropezar por más de una vez con la misma piedra y es que al leer a los especialistas se confirma que caminamos una y otra vez sobre el mismo abismo, pero que sordos y ciegos se espera siempre por un nuevo mesías que camine hacia el fracaso cabalgando sobre el populismo.
Lo menos que hacen los dirigentes cuando llegan al poder es tomar en cuenta a los doctos del proceder, por el contrario se ciegan y sólo escuchan a los miembros de sus círculos más cercanos, máxime si es estudiado, como se ha comprobado con tanto intelectual que ha llegado al poder en esta revolución.
El populismo de Carlos Andrés Pérez y sus deseos de ser el presidente de Latinoamérica quedó para los chistes de mal gusto, ante el avasallante poder que ejerce a punta de petrodólares y las ansias de mando que manifiesta el actual mandatario Hugo Chávez, sin embargo, sin ver y mucho menos reconocer el fracaso del anterior, muchos compatriotas aplauden a rabiar al actual jerarca.
(( PUBLICADO EN DIARIO DE LOS ANDES))
No hay comentarios:
Publicar un comentario