lunes, 3 de mayo de 2010

VENEZOLANOS SIN INDIGNACIÓN


Venezolanos sin indignación


Nuestros ancestros que eran más trabajadores que intelectuales, más prácticos que teóricos manejaban un lenguaje pragmático, directo, en pocas palabras dejaban encerrado un mensaje de enseñanza quizás aleccionador.

Esos mismos antepasados le bastaban la palabra para dar crédito a la promesa del contra-hablante. La dignidad se lavaba de manera práctica, sin mucha “cotorra”. La vergüenza se reflejaba en sus rostros al confrontarlos. Los hombres eran machos y las mujeres hembras.

Todo este introito no basta, pero si ejemplifica lo que se quiere decir en este artículo. Los venezolanos aunque venimos de una de las guerras más largas en el mundo (la de la Independencia) siempre se mantuvieron en un complejo mundo de enfrentamiento hasta bien entrado el siglo XX. Los últimos ejemplos, los enfrentamientos del Cabito Castro, posteriormente la de J.V. Gómez y la última bien conocida la lucha para derrocar a Marcos Pérez Jiménez.

En este orden los venezolanos entraron en una especie de catarsis por más de 40 años. Se habló y se aceptó la paz, el no enfrentamiento, la democracia como forma de vida, la justicia como única forma para mediar en los problemas de cualquier índole, el voto secreto y universal para dilucidar el término de un mal o buen gobierno.

Esta forma de vida pareciera que terminó con la dignidad aquella de nuestros antepasados. En otras palabras, pareciera que el gobernante Hugo Chávez nos tomó dormidos en esa catarsis y aprovechó esa debilidad para imponer una forma de gobierno no compatible con las mayorías. Eso es tan así, que aún el gobernante hablando claro para dónde y qué es lo que quiere con el país, los políticos continúan hablándole en términos democráticos.

De allí que a los venezolanos nos falta indignación. NO es posible que Hugo Chávez haya desaparecido más de 900 mil millones de dólares, sin contar con el resto de entradas y todos siguen aplaudiendo. Es inaudito que otras naciones tienen urbanizaciones con todos sus servicios construidas con mano militar venezolana y los nuestros mueren en ranchos, es inaudito que otros países tienen hospitales bien equipados y hasta con médicos pagados con el dinero venezolano y los nuestros no tienen ni mercurio para la desinfección de una herida, es incomprensible que han llenado a Pdvsa de técnicos extranjeros y fabrican refinerías en otros mundos y a los obreros nuestros no les pagan sus salarios.

Po lo tanto, la dignidad de todos esos seres que se prestan para salir en televisión vestidos de rojo dándole loas al verdugo del pueblo venezolano, esta en juego.

Es tiempo para que resurja la indignación en el pueblo venezolano. Es hora para que la indignación nos haga pensar y salgamos a la lucha. Es esa indignación que provoca repudio lo que nos hará libre nuevamente. Si no logramos fijar en nuestra personalidad este principio seguiremos siendo arreados como chivo pa’corral. Sólo de nosotros depende que nuestros descendientes tengan una patria libre, grande y poderosa. Ya basta de tanta apatía, la lucha no es fácil ni corta, pero es digna y vale la pena entregarse a ella.

AL pueblo venezolano le falta indignarse conociendo que en esta misma semana Hugo Chávez le termina de regalar 50 millones de dólares a Daniel Ortega y su mujer (que no a los pobres de su nación), para Hatí ha ofrecido dos mil 420 millones, en Cuba terminan de inaugurar toda una urbanización bien equipada, en el sur existen hospitales bien equipados, con Bolivia es un caso excepcional se supone que se ha cargado al erario público nacional hasta los zapatos del hermano Evo Morales.


En definitiva, Hugo Chávez quiere llevar a los venezolanos a la época del Cabito Castro cuando los que mejor andaban tenían los pantalones remendados, los interiores eran hechos con la tela de los sacos de harina y las enaguas de las damas estaban cargadas de almidón en bruto para dar la sensación de ser sedas importadas. Da risa, aún escuchar, que algunos ilusos piden repuestos originales. Por un lado Cadivi no afloja los dólares y de conseguirlos cuestan tanto como el equipo o vehículo con el desperfecto mecánico.

NO obstante y a pesar de todo, el venezolano no se indigna y protesta, por el contrario pareciera que la dosis de resignación es tan grande que el entreguismo se le refleja en el rostro. ¡Tenemos el derecho de ser inconformes y de indignarnos también!

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